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El objetivo del arte es la búsqueda de la belleza en sus
distintas manifestaciones. El arte es el testimonio fiel de esa
gran obra humana que llamamos cultura. En todas las grandes obras
de la literatura universal, en las obras de los genios de la música,
de la pintura, de la escultura y de la arquitectura está
presente la Gnosis.
Encontramos el arte gnóstico en los asentamientos arcaicos,
en las pirámides y viejos obeliscos del Egipto de los faraones;
en el antiguo México, entre los Mayas y los restos arqueológicos
aztecas, zapotecas, toltecas, etc.; entre los viejos pergaminos
chinos, medievales, fenicios, asirios, etc.; en los jeroglíficos
y bajorrelieves de las antiguas culturas; en la pintura y escultura
del Renacimiento; en la música de Beethoven, Mozart, Liszt,
Wagner; en las grandes obras de la literatura universal, en la Ilíada
y en la Odisea de Homero, en la Divina Comedia de Dante y en muchas
otras, que contienen los mismos principios de la sabiduría
universal, presentada en formas diversas y a veces oculta entre
el velo del simbolismo filosófico.
Existen dos tipos de arte: el primero es el arte subjetivo, expresión
de una conciencia condicionada; el segundo es el arte regio de la
naturaleza, un arte trascendental que refleja la sabiduría
del universo.
Sin el arte como testimonio, la filosofía, la ciencia y la
mística de nuestros antepasados no hubieran podido llegar
a nosotros. La Gnosis hace caer el velo simbólico con el
que están cubiertos, mostrándonos la verdad cósmica
que ocultan.
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